Los migrantes venezolanos luchan con la discriminación y racismo

Seguramente fueron “veneca”.  Estas palabras golpearon el pecho y el orgullo de Odalis, una profesora universitaria venezolana que llegó a principios de 2019 a Cuenca, huyendo de la crisis económica de su país y que hoy trabaja como mesera en un restaurante.

Odalis, de 37 años, atendía una mesa en la cual tres jóvenes conversaban sobre el robo a uno de sus amigos, quien salió con un grupo de mujeres que el final de la noche le asaltaron; ellos dedujeron que las delincuentes eran venezolanas, algo que esta profesional jamás pensó escuchar.

Al igual que ella, miles de profesionales, muchos de ellos con maestrías y doctorados, dejaron su país en búsqueda de mejores días… dejaron atrás familia y amigos, aventurándose a otros países en los que, por el accionar erróneo de unos compatriotas, son estigmatizados como delincuentes o vagos.

La prima y mejor amiga de Odalis llegaron a Cuenca en 2018, ella mantenía la esperanza de que la situación mejore en su país, pero con el paso del tiempo las cosas empeoraron y más de la mitad de sus compañeros de universidad salieron del país, por ello también decidió migrar.

Cifras

Alejandra Rodríguez, embajadora de Venezuela en Ecuador por parte del Gobierno de Juan Guaidó, señaló que en el país residen alrededor de 415.000 venezolanos, el 35% de ellos posee documentos de regularización y se dedican a diversas actividades productivas.

“De acuerdo al último registro, realizado en 2019, Cuenca acoge a 15.000 venezolanos de una población móvil (suele trasladarse a otras ciudades o países y luego regresa), de ellos alrededor del 70% son profesionales que se dedican a actividades ajenas a su preparación”, agregó.

Para Otibel Valero, presidenta de la fundación Haciendo Panas, dedicada a la ayuda a los migrantes venezolanos, son alrededor de 20.000 sus compatriotas radicados en la ciudad y la cifra seguramente es mayor, debido a que no existe un registro fiel.

La fundación trabaja con familias que no han encontrado oportunidades laborales y se dedicaron a la mendicidad.  “En nuestra primera etapa capacitamos en diferentes oficios a 30 familias venezolanas, reintegramos a los niños al sistema educativo y entregamos una nueva oportunidad para ser productivos a la sociedad”, comentó.

Tanto Rodríguez como Valero reconocen que, en toda ola migratoria, existen personas que se aprovechan de la situación y cometen delitos; esto no significa que todos los venezolanos sean delincuentes, por el contrario, existen más casos de venezolanos que han ayudado a personas que son víctimas de delitos.

Historias

Odalis recuerda con nostalgia su época de docente.  “Venezuela era otra, había muchas oportunidades para los jóvenes, para los profesionales, las universidades estaban llenas de gente que se preparaba para el futuro… hoy la realidad es otra, ya no hay profesionales, todos han migrado y buscan ganar dinero en lo que puedan.

Como Odalis hay miles de venezolanos que lucha siete días a la semana por sus familias, al igual que nuestros compatriotas en Estados Unidos, muchos son emprendedores con pequeños, “deliverys”, trabajan en servicios generales, pocos son quienes ejercen su profesión.

El nuevo registro migratorio busca dar una oportunidad de regularizarlos y así mejorar sus condiciones en la ciudad, mientras que Haciendo Panas ha empezado la segunda promoción de su programa de mejoramiento de la calidad de vida y reinserción en el sistema productivo de venezolanos que se encontraban en las calles.   

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